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Visualizzazione dei post da Agosto, 2017

Pensamientos

Si te viera, ¿qué diría?
No sé. No sé nada del mundo.
No sé tantos idiomas o palabras,
solo sé de tu ausencia
que me arrebató segundos de vida.
Si te viera, ¿qué diría?
No sé qué diría.
Quizá, diría que el cielo es azul
y sonaría redundante.
Pero, a veces, no lo apreciamos así.
Vemos distintas tonalidades.
Posiblemente, diría que la vida es bella,
pero ¿cómo sé que era bella
si tú estabas ausente?
Si te viera, ¿qué diría?
No lo sé. Perdí las palabras
tal cuales perdí las esperanzas de verte.
Pero estás aquí, parada delante mío
y puedo verme reflejado en tus ojos
y puedo ver que tú me estás viendo.
Y esto ya no es redundancia,
puedo apreciar que el cielo es azul,
que las flores nacen en primavera,
que las aves posan en sus nidos
y que el mundo vuelve a creer.
Si te viera, ¿qué diría?
Pues diría que el cielo es posible,
que el infierno es un mito,
que la vida tiene un nuevo sentido.
Porque me encuentro perdido,
perdido entre los aromas de tu piel
y la cadencia de tus manos.
Porque me s…

Reflejo

Uno se mira en los ojos de los otros.

Los otros son testigos callados.

La palabra cuesta tanto como el alimento.

Y el alimento ya comienza a escasear.

El miedo es una puerta abierta

y los leones pasan para el invierno.

Mi pecho es una guarida sin guardia

y mis ojos son un par espejos

que han perdido brillo por la ceniza.

Y la ceniza proviene del fuego

que dejó abandonado un marino.

El que ha zarpado al bravo mar

para encontrar a la muerte al navegar.

Uno se mira en los ojos de los otros.

Y uno se descubre desnudo

cuando el otro los mira.

Esto es lo más cercano a la muerte:

cuando uno es auténtico ante los demás.

La melodía del caído

Un violín roto y olvidado,
dejado en la esquina de esa habitación.
Pieza antes llena de color,
hoy capilla ardiente para los poetas.

¿Dónde quedó la esperanza?

La pieza aún retumba en las paredes
y se sienten los pasos de los dueños.
Rosas marchitas en un jarrón de porcelana
y risas de niños a las cinco de la mañana.

¿Dónde quedó la voluntad?

Esta pieza ya no es lo que era antes.
Ya no hay la vitalidad de las plantas
ni el aroma de los perfumes de estación.

Solo hay sombras y grietas del alma.

¿Dónde quedó el amor?

Solo se percibe la herencia
de una melodía sepulcral
para aquel hombre que ha caído.

Después de treinta años regresa
a aquel que fuera su hogar
para despedirse de la memoria.

Es hora de besar a la muerte
y poder descansar.

Todo ha quedado para el final.

Peregrino

Una canción olvidada.

Una pluma cae
y provoca un terremoto.

Los animales corren
y el sol se oculta.

El eclipse es largo.

Y nosotros,
los hombres,
somos aves de paso.

Nidos abandonados.
Vuelos infructuosos.

No es posible un mañana.

Un halcón peregrino
que se esconde
en nuestras carnes.

Mientras que las sombras
se esconden entre las raíces
de un álamo sin flores.

¿Habrá una buena muerte?

La voz secreta

Miraba el paisaje que me ofrece mi tierra.

Miraba el cielo azul,
los surcos que forman los caminos silenciosos,
el tránsito de las sombras.

Todo esta era como el vaivén de mis pensamientos.

Miraba y degustaba el silencio.

Sí, el silencio se puede ver.

Se ve en los ojos de la mujer amada,
en su frescura para caminar,
en su delicada forma de hablar.

La cadencia de su íntegro ser.

La miraba a ella y hurtaba mi tranquilidad.

Creo que me había enamorado
y eso era un riesgo tan humano
que tenía miedo de ser humano.

Porque ya me había transformado
en una serpiente que se arrastra,
en un cuervo que vuela,
en un lobo que anda solo,
en una araña que vive por la noche.

Y tenía miedo.

Ya era alguien que no solo yo miraba
sino que también me miraba.

Me veía morir cada tarde,
me veía revivir cada noche.

Mi tierra ya no era solo mía,
también era de ella.
Al igual que mis pensamientos,
que mis sentimientos cadenciosos,
que mis versos profanos,
que mis plegarias penitenciarias.

Ya no estaba solo,
alg…

A finales de agosto

Una tonada quebrada.

El viento alisio que profana
la cabellera de las mujeres.

Una cuerda de guitarra rota.

Pensamientos que se ufanan
de haber ganado a los sentimientos.

Una merced descuidada.

Las estrellas tiritan
y anuncian la muerte del poeta.

¿Qué queda a fines de agosto?

Solo queda el fin del invierno,
el paso amargo a septiembre.

Nada más queda. Nada más.

Anomalías

Ya se pierde el sentido de las horas
frente a la ventana de aquel viejo bus
que transporta sueños rotos y almas separadas.

Se pierden los rumbos desconocidos
de las sombras de aves, pájaros y animales.

Somos presas de una cárcel oculta
entre las carnes de nuestros pechos.

¿Qué queremos para este invierno?

No lo sabemos.

Realmente,
no lo sabemos.

Ya se pierde el sentido del día y de la noche,
el avance paulatino de los pensamientos
y las plegarias hacia Dios
quedan acumuladas en el porta equipaje.

Pero todo es inútil.

Es una anomalía que se resiste a morir.

Vive en las entrañas de nuestros ojos
y eso es un aforismo con complejo de lógica.

El viaje se hace largo y perjudicial.

Ya queda poco para besar a la muerte
y aún no llegamos al hogar.

La cadena de los muertos

Los muertos le hablan a los vivos
y les cuentan sobre sus recuerdos.

Hablan sobre los jarrones rotos que dejaron
tras el paso de la sombra de la guerra.
Mientras que el piso temblaba
y los vientos llevaban el hedor de la carne.

Los muertos le hablan a los perros
que ladran por sus amos olvidados.

Le hablan a los cuervos que mueren en pleno vuelo,
a los ríos contaminados por las minas,
a las plantas que mueren bajo nuestros pies.

Los muertos hablan. Tienen voz
aunque nosotros los hemos olvidado.

Amores perdidos antes de la primavera

Antes de la primavera,
el invierno ya había hecho su trabajo.

El hombre había llegado a destiempo.

Siempre llega a destiempo.

Antes de la primavera,
los ríos dejaron de ser hogar para los peces,
las aves dejaron de volar,
las abejas ya no querían polinizar
y la naturaleza había perdido el orden.

Ya se venía el anuncio del final.

El hombre siempre buscaba arriesgar,
pero ya era un esfuerzo inútil.

Las palabras habían perdido sentido,
los mares ya no poseían canciones,
la luna era un trozo de papel arrugado
y las mariposas eran monocromáticas.

Antes de la primavera,
el alma ya se había partido en dos.

Dos trozos que cayeron a cada lado
del océano Pacífico.

Ya nada más importaba.
Los amores se habían perdido.

El hombre había llegado a destiempo.

Melancolía

Dulce melancolía,
que se disfraza en medio del día.
¿Qué es esta desdicha
que se presenta en el alma mía? Es solo la ausencia perenne,
de aquel amor ausente.
Es el dolor presente,
de aquella que solo habita en mi mente. Flores hermosas
que nacen de la primavera muerta.
Poesía frenética
que descansa en la vieja puerta. Desdicha florida
y melancolía sempiterna.
Son la dualidad perfecta
de una alegría descompuesta. ¡Dulce melancolía!
Aquella que emana del alma mía.
Aleja de mí toda aquella desdicha
que solo atraviesa mi alegría. Ningún alma lo entendería,
aquella memoria que no olvida,
aquel corazón que aún respira.
Es este amor mortaja maldita. Desdicha de la poesía,
que sucumbe ante la pobre alegría.
Verso sin elocuencia sencilla,
todo perdida descansa en la rosa marchita. Hasta aquel amor que nos consume,
aquel pobre desconsuelo.
Hasta aquella esperanza que deprime
en detrimento del descanso sempiterno. Melancolía perpetua,
de aquel corazón que aún sueña.
Pobreza extrema,
de aquella alma que aún el verso crea. …

El beso de Judas

¿Qué habrá sentido el Nazareno cuando Judas lo besó?

¿Habrá sentido repugnancia o un aguijón en el alma?

No debe ser sencillo.

Debe ser complicado como el diario vivir.

Porque la muerte toma un instante.

¿Qué habrá sentido el Nazareno?

¿Habrá sentido el golpe de un hijo hacia su padre?

¿Habrá sentido la indolencia de las guerras mundiales?

¿Habrá sentido el lamento de los inocentes?

¿Qué habrá sentido el Nazareno?

No debe ser fácil morir antes de morir.

Mirar a los ojos de quien te traiciona.

Escuchar las palabras de quien te condena.

Menos sentir el beso mismo del hijo de la traición.

¿Qué habrá sentido el Nazareno?

Reencarnación

El diablo reencarna en un hombre con sed de venganza,
reencarna en los ojos de una prostituta,
en el llanto de niños abandonados,
en el desolado desierto de cuartos olvidados.

El diablo se reencarna.

Habita en el dueño del teatro
y emplea cada máscara que él ha deseado.
Se viste de mujer, de hombre, de amante.

Se viste con trajes de gala, con trajes de vagabundo.
Porque solo le interesa el infierno
que se esconde a tres cuartos del centro de nuestro pecho.

Porque somos hombres,
porque somos cuevas para el diablo.
Somos presa fácil durante los eclipses,
somos el arpón que apuñala a las ballenas del Pacífico.

A nadie le importa, solo a los exorcistas.

Le damos trabajo, seguro y gratificación.
Sueldo justo para rebelar nuestros nombres.

Porque nadie conoce a los hijos de Satán,
a los dueños de las casas de cambio,
a los forjadores de diamantes de sangre del África.

Somos el llanto peregrino de leones cazados,
el marfil robado de las osamentas de elefantes.
Somos un ave que ha muerto en …

Quiero

Quiero, ¿qué quiero?

Quiero tocar el sol sin arder
y poder besar a la luna.
Disfrutar del rocío de la primavera
aunque nos encontremos en otoño.

Quiero volar sobre los Himalayas,
nadar por el confín de los mares,
escapar de las fauces del infierno.

Quiero vencer a la muerte.

Disfrutar de las tardes de soledad
y del canto de las golondrinas.
Apreciar el juego de las estrellas
y descubrir el dialecto de los dioses.

Quiero, ¿qué quiero?

Porque aunque logre todo esto
aún me sentiré vacío.

Entonces miro a un punto vacío,
aunque no esté vacío.
Miro con detenimiento de investigador
y encuentro la causa del soñador: el amor.

Sí, eso quiero, quiero el amor.

Quiero el amor, la libertad,
la palabra escrita sobre piel,
el pergamino secreto de las manos,
el mantel pulcro de las piernas,
el enigma de sus ojos
y el consuelo de su pecho.

Quiero el amor encarnado
en el cuerpo de una buena mujer.

Una mujer de la cual ya sé su nombre,
de la cual conozco su aroma,
de la cual he soñado en el pasado.

Quie…

El jardín de los sueños

Miraba el atardecer
desde aquel sitio calmado
al cual llamaba hogar.
Miraba con detenimiento.
Percibía el olor de las flores,
el canto de las mariposas,
el vuelo de las aves
y el verso del sol.
Era agradable apreciar
lo que alguna vez poeticé.
Porque es difícil imaginar
el mundo sin algo de belleza.
Miraba el atardecer
y creo que mi alma moría un poco.
Sí. Sí es posible morir un poco.
Morir a uno mismo,
a los recuerdos,
a las añoranzas perdidas,
a las melodías robadas
y a los paradigmas de los dioses.
Morir para revivir.
Y sentir que el viento se cuela
entre las carnes que escondo.
Porque es bueno sentir placer
en medio de un páramo de dolor.
Miraba el atardecer
y materializaba mis sueños.
Algunos llevaban tu nombre,
otros poseían tu perfume,
algunos adoptaban tu silueta
y otros tantos se vestían de ti.
Ahí era feliz: contigo y el atardecer.
Como aquella vez
que por primera vez nos cruzamos,
intercambiamos el tacto de nuestras manos
y, con miedo, nos abrazamos.
Como aquella primera v…

Póstumo

Más allá de la muerte
hay un reino que me espera.

Hay una laguna azul.
Una alfombra verde.
Mariposas que le cantan al sol.
Una luna que baila sobre el hielo.

Más allá de la muerte
está mi casa y mi colcha.

Mi espacio secreto
para pasar el invierno.

Y sobre una roca dejé un testamento.

No tengo pertenencias que dejar.

Solo dejaré unos versos
para que acompañen a la primavera.

Ya es hora de que se retire.

Más allá de la muerte
se encuentra mi existencia.

El último horizonte de mi voz.

Quise creer

Escucho a las hojas murmurar
los cuentos que me leía mi mamá.

Una suave forma de acariciar
a pesar de que ella ya murió.

Porque el tiempo ha pasado
y yo ya tengo sesenta años.

Pesados años.

Pesados
como el vuelo de las mariposas,
como el ladrido de los perros,
como el lamento de los gatos.

Pero sigo aquí,
mirando el pasto que se marchita
cuando lo dejo de regar.

Encontré atractiva a la muerte.

Escucho que una oruga me habla.
Me cuenta sobre su sueño.
Pero considero que será inútil,
morirá a los pocos días.

Y recuerdo que yo también soñaba
y que también moría
y que volvía a soñar
para volver a morir.

Era cíclica esta forma de vivir.

Entonces
yo me mezclaba con el viento.

Era uno con el cielo.

Podía hacer eso
cuando cerraba los ojos.

Era libre.

Escucho a las hojas murmurar
los cuentos que me leía mi mamá.

En poco tiempo
nos volveremos a encontrar.

Perdón

Perdón.

Yo también tengo miedo.
Tampoco sé qué hacer.
No tengo respuestas
ni un horizonte que seguir.

A veces,
solo quiero correr a tu encuentro,
abrazarte,
mirarte,
hablarte.
Decirte cuánto te extraño.

Pero me detiene el orgullo.
Mis propios actos son inciertos.

Reniego.
Evade las preguntas.
Cierro mis ojos.
Ahogo mis palabras.

Quiero que todo sea más claro.
Perdí el rumbo de mi pensamiento.

"Sé feliz", es tan sencillo decirlo,
pero, ¿cómo ser feliz en este tiempo?

Desesperanza.
Enfermedad.
Destiempo.
Desatención.
Melancolía.
Frustración.

Perdón.
Quiero pedirte perdón.
Perdón por confundirte,
por hacerte llorar,
por darte la contra,
por darte la espalda.

Por alimentar tus esperanzas
mientras yo mismo las ahogaba.

Perdón,
porque te amo más que ayer.
Porque lloro en amargura.
Porque sé que es tarde.
Porque sé que perdí el tiempo.

Perdí el tiempo en mí mismo.

Perdón.
Quiero pedirte perdón.

Perdón,
porque no dejo de extrañarte,
de buscarte detrás de una cortina,
de seguir tu s…

Melancolía

Hoy, una persona desconocida, me hablo de ti.
Insistió en que debía hablarte.
Insistió que debía estar cerca.

Probablemente, solo era un intuición femenina de ella.

Respondí con una falsa sonrisa.
Nada más podía hacer.

Era un estado perdido de melancolía.

Hoy, me hablaron de ti.

No quería escuchar.
Ya era suficiente el poder verte.
Pero siempre haces eco en mi mente.

Siempre.

Ahora, me encuentro entre la duda y la melancolía,
preocupándome por ti aunque no lo admita,
dejando que mis ojos sean libres del orgullo.

Hoy supe, una vez más, lo que era extrañarte.

Un nudo en la garganta

Las palabras hacen falta para las personas enamoradas.
No es fácil hablar sobre amor y esperanza.
El mundo golpea cruelmente y nos arrebata el tiempo.
Pero los enamorados siguen perennes.
Y, aunque no tengan todas las palabras, saben de amor.
Saben tocarse sus almas durante las noches.
Saben desnudarse sin quitarse la ropa.
Y, quizá, esa sea una forma sencilla de amar.
Aunque se tenga un nudo en la garganta.

Memorias de un gato frente a la luna

Estoy en el mismo lugar
y veo que el día envejece.

No me importa.

Miro el mar.
Miro el cielo.

Escucho a las plantas,
a los animales, a las personas.

Dejo que el mar hable,
dejo que el cielo cante.

Dejo que todo siga su rumbo.

Que el día siga envejeciendo.

Estoy en el mismo lugar
donde supe lo que era el amor.

Regreso para no olvidar.

Quizá, la vida vuelva a iniciar
y, con ella, regrese el amor.

Poema XX (Canto al amor)

Hay ocasiones que miro al sol dormir bajo el manto del mar y desearía ser aquel sol.

Ser aquel astro que ilumina a la tierra y poder iluminarte.

Sí. Poder iluminarte.

Iluminar, aunque tú ya seas pura luz.

Porque alumbras las penas de un poeta, como yo.

Uno que no sabe declarar su amor y se ahoga en una duda que emerge del orgullo.

¿Te amo? ¿Te espero? ¿Te necesito? ¿Qué responder?

Solo soy un poeta.

Uno que no sabe de ti ni de tu palabra.

Que solo mira tus fotos pegadas en las paredes negras de mi cuarto.

Pero aún así, todavía te amo.

Sí. Te amo. Sí. Te espero. Sí. Te necesito.

Porque los cambios de estación no son lo mismo sin ti.

Porque la imaginación ya es insuficiente.

Necesito de ti. Necesito saber qué hacer para que me mires.

Desearía ser Dios y poder juntarnos en la penumbra.

Mirar juntos al sol dormir bajo el manto de aquel mar que nos habla.

Porque quisiera volver a escribir otra carta, decorarla con un dibujo y robarte una sonrisa.

Quisiera compartir nuestros miedos y nuest…

Escrituras perdidas en el Bronx

Hoy, un ángel, llora.

Llora por amargura.

Es la Lima de los 70's
y nadie se ha dado cuenta.

Caminan. Caminan.

Como cucarachas con hambre.

Es el barrio perdido
del Bronx de los 80´s

Corren, fuman y hablan.

Conversan con su pasado.

Los ángeles también sienten.

Sienten rechazo,
miedo e indiferencia.
Sienten los golpes de Dios
cuando no hacen bien su labor.

Hoy, un ángel, ha perdido su trabajo.

Ha sido despedido.

Bebe y bebe
en la Quilca de los 40's

Y bebe tanto
que ha perdido la consciencia.

Es el barrio marginal de las favelas
y en Lima se concentra el mundo
y el mundo es Lima.

Y nosotros, los que estamos,
vemos morir al ángel
por una sobredosis de alcohol.

He vuelto

He vuelto a fumar.
He vuelto a sentir el humo de la duda.
He vuelto a renegar de la vida.
He vuelto a pasear por el infierno.

He vuelto a ser yo. El que había muerto.

He vuelto a caer en la desesperación.
He vuelto a caminar con los pies descalzos.
He vuelto a dejar el alma tendida.
He vuelto a pelearme con Dios.

He vuelto a ser yo. El que estaba preso.

He vuelto a jugar la ruleta rusa.
He vuelto a planear el castigo.
He vuelto a poseerme por el diablo.
He vuelto a visitar el cementerio.

He vuelto a ser yo. El que estaba olvidado.

He vuelto a cubrirme de soledad.
He vuelto a encerrar el corazón.
He vuelto a destrozar la luna.
He vuelto a quitarme los ojos.

He vuelto a ser yo. El que no deseaba.

He vuelto a morir en vida.
He vuelto a sonreír a la muerte.
He vuelto a ser una sonrisa del tísico.
He vuelto a volar con los cuervos.

He vuelto a ser yo. El que había muerto.

El vals olvidado

Es una noche común del invierno.

Una noche donde los cuerpos se encuentran,
se abrazan y se rozan las pieles.
Una noche donde baila la luna
sobre la frente de una prostituta.

La luna es de todos. Todos
le arrojamos tantas preguntas
que ella rechaza responder.

Es una noche común del invierno
y yo prefiero seguir en mi silencio.

Mirar, con cierta frescura,
el caminar de las sombras.
Mirar, con cierta preocupación,
el vuelo de las aves.
Mirar, con cierta melancolía,
las discusiones de las parejas.

Y recuerdo a la vida
que, en algún momento, me sonrió.

Recuerdo los cabellos de ella entre mis dedos.
Recuerdo sus labios rozar mis labios
y suspirar por algo de placer.

Recuerdo que ella era diferente,
pero era inalcanzable para mis propósitos.

Es una noche común del invierno
y empiezo a recordarla.

Recordar su cadencia,
recordar que era como la luna.

Propiedad de nadie, propiedad de todos.

Porque todos la miran.

Porque todos la aman.

Porque todas la buscan.

Y yo la miré.

Y yo la amé.

Y yo la…

Mentiras piadosas de un invierno lluvioso

Lágrimas de ángel que caen sobre el rostro desnudo de la tierra.
¡Mentira!
Es el Edén perdido el que se ahoga bajo los pies y los trastes de artesanos, de hombres de negocio que comercian la tierra, de tantos reyes que surcaron los cielos.
Y ¿a quién le importa?
A nadie.
A nada.
Al vacío que habla con el silencio y el silencio que habla con el hombre.
El hombre es un vacío. Carente de sueños, abandonado de ilusiones, desterrado de esperanzas.
El hombre ya no es el mismo. 
No es el mismo desde que bebe las lágrimas de ángel que caen sobre el rostro desnudo de la tierra.
Sobre su rostro desnuda.
Sobre su alma rota.

Confundido

En la madrugada te pensaba.
Recordé que eras de cristal,
que te podías quebrar
y no volver a ser la misma.
Me percaté de esa lágrima invisible
que sabías dibujar con tu sonrisa.
Me di cuenta, antes de irme,
que tenías una espina en tu corazón
y yo, indiferente, nada podía hacer.
El pacto era más fuerte que mi dolor.
En la madrugada te pensaba.
Recordaba la escena de tristeza,
ese frasco vacío donde íbamos a dejar
nuestros sueños.
Pero no. No los supimos dejar.
Te pensé durante la madrugada,
mientras la luna encantaba,
mientras las estrellas tiritaban,
mientras las nubes caminaban
y los mares hablaban con las playas.
No supe qué hacer.
Mi silencio. Mi soledad.
El espacio recóndito donde te guardé.
Todo me reclamaba por ti.
Me ahorcaba el orgullo de amarte.
¿Por qué amarte?
Era un imperativo categórico
sin necesidad de serlo.
La razón colapsaba
y la voluntad ya no era firme.
Durante la madrugada te pensaba
y aún sigo confundido.
¿Qué hacer?
¿Qué hacer?
¿Qué hacer?
Es la pregunta que si…

Inconscientemente

Inconscientemente te amo.

Te amo tras las bambalinas de un ciudad de color lomo de cóndor. Negro. Totalmente negro. Como los ojos de la bolerista.

Te amo con el fulgor de los focos de las calles virreinales y con ese fragor de las quintas de adobe y quincha.

Inconscientemente te amor.

Como se ama al silencio, a la soledad, a la mala praxis de querer olvidar.

Y, lastimosamente, este amor me mata.

Me degüella el alma.

Me ata las manos y me impide crear.

Me ata los pies y me impide caminar.

Me ata la lengua y me impide hablar.

Es estúpido esto de amar, pero el hombre necesita del amor. Beber de ese licor oculto en los labios de la persona. Desvelarse por una conversación, una preocupación. Llorar sin sentido, aunque el amor tenga sentido.

El hombre necesita amar.

E, inconscientemente, te amo.

Aún te amo, aunque eso me mate.

Traiciones

No todas las personas se quedan.
Algunas personas te utilizan.
Usan tus ojos como espejos
y tus manos como sus manos.
No les interesa si lloras o si amas,
solo les importa tu utilidad.
No todas las personas se quedan.
Algunas escuchan a sus fantasmas,
hay quienes escuchan a sus familiares,
otras escuchan a sus amistades.
Y deciden irse.
Y no les importa si lloras,
si sufres en silencio,
si te cortas el alma.
No.
Solo les importa tu silencio,
la productividad de tu soledad,
el palacio que dejas por herencia
o la servidumbre que quede.
No todas las personas se quedan.
Siempre hay quienes te abandonan,
te apuñalan por la espalda,
quienes te asesinan de frente,
quienes se olvidan que las amaste.
No todas permanecen.
La mayoría te deja morir
y no asiste a tu velorio.
Es el devenir constante de la sociedad.
La humanidad ya no sabe de amor.
Solo sabe retirarse
y dejar solos a sus hermanos.
No todas las personas se quedan.
La mayoría se retira.
En especial,
las que te juraron amor eterno.

Poema al silencio que habla

El silencio nos habla
tras las faldas de una mujer.
Tras el desacierto de las madres.
Tras el desencanto de los enamorados.

Nos habla.

Nos habla tras un fatal lunes.
Tras el mal amanecer del fin de semana.
Tras la rutina del trabajo.
Tras la metafísica reducida a psicomagia.

El silencio nos habla.

Nos grita.
Nos apuñala.
Nos tuerce el rostro.
Nos quita la paz.

El silencio nos engaña.
Se camufla como amor
detrás de la sonrisa falsa de una reina.

Se disfraza de palabras amistosas
mientras los huérfanos lloran en el gris desierto.

El silencio nos habla.
Nos interrumpe.
Nos aglomera de ideas.
Nos roba los sueños e ilusiones.

El silencio es la droga que buscamos
para escapar de nosotros mismos.

El silencio nos habla
y nosotros siempre le respondemos.

Caballo salvaje

La pampa es extensa.

No hay límites geográficos,
los arbustos son las referencias que saltan a la vista.

El mundo es un terreno inexplorado
y los hombres son sombras sin rumbo.
La nobleza de los vientos
es la manera de hablar de los ángeles.

No quedan miedos en el silencio.

La pampa es extensa.

Y un caballo salvaje recorre su territorio.

Buscando la llave que le permita alcanzar el cielo
ya que su hora se encuentra cerca.

La pampa es extensa,
será el descanso de este majestuoso corcel.

Toca morir en libertad.

Conclusiones de un poeta

Un poeta no muere, solo viaja.

Viaja a un rincón donde no existe la muerte.

Porque a la muerte, los poetas, no le interesan.

Le agradan personas de otras profesiones, de otras vocaciones.

Para la muerte, el poeta es invisible.

Aunque el poeta hable de la muerte.

Porque a la poesía le agrada hablar de ella.

De la muerte. De la sonrisa esquelética.

Porque encuentra admiración en su trabajo.

Pero el poeta no muere, solo viaja.

Viaja a un lugar prohibido para la muerte.

Pero la ve desde el mirador que posee ese lugar.

Y el poeta siempre ama a la muerte.

Pero ella lo rechaza.

Porque no la lleva en su viaje.

El poeta no muere, solo viaja.

Represión

Un alma se rompe tras una lágrima que cae.
La lágrima genera una laguna.
La laguna se alimenta de nuestras dudas.
Nuestras dudas germinan de nuestro pecho.
El pecho es un tejido de carnes donde se esconde un león.
El león es prisionero de la esperanza.
La esperanza desiste de despertar.
El despertar se esfuma tras el eclipse.
El eclipse es lo más cercano al infierno.
Y el infierno genera un oasis.
Donde perdura una laguna.
La laguna de las dudas.
Alimentada por la lágrima que rompe el alma.
Y el alma es de nosotros.

Finitud

Un violín roto
tras el grito de guerra.
Es el anuncio del eclipse
que iniciará una tormenta.

Es un pecado mortal.

Una carga infructuosa.
Innecesaria.
Inútil.

Una carga llamada esperanza.

¿Para qué?

¿Por qué?

Un violín roto
tras el llanto de un niño.

A nadie la importa.

Solo al silencio que le habla.

La esperanza es muda,
pero el hombre cree escucharla.

Creo

Comparto el día
Con aquella sombra que me sigue.
Comparto mi vida.
Mi silencio.
Mi primavera oculta
Tras las carnes de mi pecho.
La comparto porque creo.
Creo en un mañana.
En una manada sin guía.
En una consciencia sin jaula.
En un deshielo de la memoria.
Porque poseo un cóndor muerto
Por las manos de nosotros.
Somos una especie maligna
Que tiene una esperanza.
Comparto el día.
Creo en el sueño de mi tarde.
En la plegaria de mi noche.
Creo en la vida.
Creo en la muerte.
Creo que la humanidad puede cambiar.
La religión es alma de mi poesía.
La poesía es voz de mi consciencia.
Mi ser se libera.
Busca el cielo
Escapar del infierno.
Creo que la muerte es buena
Que es mi hermana
Que es mi amada.
Porque el amor mismo ya no es amado
Y los hombres se esconden bajo rocas.
Porque el mar nos delata
El sol nos delata
La luna nos delata
Nuestros ojos nos delatan.
Hablan por nosotros
Cuando lloramos durante el invierno
Y el otoño nos brinda una segunda oportunidad.
Necesitamos de la misericor…

Aleatoria

Los bosques crecen bajo el mar
y es que debo rechazar el tiempo,
ese mismo emisario de Dios,
que me despedaza y transforma,
que me atrapa en sus fauces.
Y yo, con mi dolor en la mano,
me siento como un tigre acorralado,
en aquel bosque que crece bajo el mar.
Siento que los colibríes dejaron de volar
y mis ojos se han percatado de ello.
Se han percatado de la lágrima de una orquídea
que es arrancada por un mono.
Los buitres se alimentan de estatuas,
ya no hay cadáveres para la carroña.
No. No hay alimento,
no hay esperanza,
no hay un mañana en este tiempo.
Este mismo que nos deshace,
que nos transforma,
que nos revuelca entre sus manos.
El emisario de Dios
y el cómplice de nuestros miedos.
Los bosques crecen bajo el mar
y es ahí donde deberé ocultarme.
Porque el tiempo ya no es mi amigo.
Ya debo buscar escapar del presente
y dormir en la tranquilidad del vacío.

Sueños fugaces

La noches es corta.

No es larga.

No da tiempo para dormir.

Me impide alcanzar su rostro.

Ella se esfuma.

Pensé que me miraba.

Pero no, ella se va.

Se va con la noche.

Que no es larga.

Es demasiado corta.

Para darle tiempo al sueño.

Un poema dirigido a mi consciencia

Querida consciencia:

Es domingo veinte de agosto del año diecisiete del siglo XXI. Faltan tres minutos para la hora del atardecer y estoy sentado en mi escritorio.

Una Jager.
Una rosa negra.
Un cactus.

Cables, anillos y artilugios de madera.

Un rosario traído de Israel.
Una caja de cartón con un dije en su interior.

Un par de muescas.
Agujas, ligas y pastillas.

Estoy sentado. Inquieto. Ansioso. Mirando el reloj que avanza. Escuchando el "tic - tac" que lo caracteriza. Haciendo caso omiso a las voces de mi cabeza. Es complicado. El ida y vuelta, el va y viene, el sube y baja. Es una dinámica que no me agrada.

Me sirvo una copa de licor.

Prefiero el silencio.

Prefiero la soledad.

Prefiero la indiferencia.

Pero es inútil. Escucho las voces de mi cabeza que discuten entre sí. Uno se arrepiente, otro se calma. Uno prefiero el silencio, otro se quitó la angustia.

Somos un perfil humano de las estrellas gemelas, del signo griego de la doble personalidad.

Entonces deberé ser juez.

Perder el tiempo

Entre recordar u olvidar,
el ser humano pierde el tiempo.
Es innecesario aferrarse al pasado,
estar soñando con el futuro,
ser indiferente frente al presente.

Es una carga inútil.

Perdemos el tiempo
mientras buscamos que nos amen.
Mientras nos sentamos en bancas
mirando a las palomas comer las migajas
que les arrojamos con benevolencia falsa.

Es una situación infértil.

No suma a la consciencia.
No suma al cuerpo.
No es una forma de aliviar las penas.

Esperar a la verdad es un largo mar
por el cual no sabemos transitar.
Es un golpe sereno de los ángeles
que nos miran desde su palacio de cristal.

Nosotros, los hombres, le llamamos vida,
pero no sabemos vivir.
Sabemos implorar por amor,
sabemos engañarnos por los ojos.

Sabemos mentir.
Sabemos dañar.
Sabemos escapar.
Sabemos degustar mentiras.
Sabemos atraparnos a las dos de la mañana
con la lectura de la memoria que no olvida.

La ausencia o el silencio a veces nos hablan.

Y nosotros no sabemos qué responder.

Hemos perdido mucho tiempo e…

Calabozos

Un ave que muere en medio del desierto.
Los buitres están listos. 
La carroña está en medio de la nada.
Y el hombre es un espectador de lujo.
Se alargan las tardes de pensamiento.
Los pies se encuentran cansados.
El miedo es una forma de llorar.
Y el cuerpo del ave sigue ahí.
Ya emana un hedor que penetra en el alma.
Pero es carne. Pero es vida.
Pero es alimento para los buitres.
Hay escasez de muertos.
Ahora solo queda el testigo.
Que el tiempo dé alimento.
Para los buitres del desierto.

Vorágine

Hay vacíos que no se llenan en el alma.

Vacíos como los de una partida,
vacíos que nacen de la muerte,
vacíos que no tienen nombre,
vacíos con perfumes reconocibles.

Indiferencia.
Silencio.

Es un león que ha crecido en presión.
Un taza de café que se enfría por el frío.
El invierno que ya no trae nieve
y la primavera que asesina sus flores.

No. No siempre hay paz.

Hay vacíos que se llenan con superficialidad.

Y ahí es donde el hombre pierde sentido,
pierde consciencia,
pierde esperanza.

La muerte es en vida.

El eterno retorno

Uno regresa a esa banca vacía frente al mar.

Regresa a aquel espacio común para muchos, pero especial para algunos. Es un espacio donde puede emerger la poesía de manera libre, natural, espontánea. No hay mucha técnica (aunque es necesaria). Es una banca anónima para el mundo. Pero con apellido y nombre para algunos hombres en particular.

Hombres de corte diferente.

Cortes de sensibilidad. Cortes de consciencia. De cortes tan humanos que no deben llamarse humanos.

Pero no todos reconocen esos lugares, donde la vida se confundió con el cielo. Lugares privados y llamados a lo eterno. Espacios donde el alma germina en distintos cuentos y versos.

Son espacios particulares de los poetas.

Esa banca no tiene dueño, pero es mía. No tiene nombre, pero yo le he dado uno. Es el reino para mirar el sueño del sol. Es el espacio perfecto para escuchar el canto de las olas. El último rincón para traer lo que no volverá.

Difícil.

Difícil.

Difícil.

Esto de siempre regresar, siempre desvestir la herid…

Esta noche rezaba

Esta noche - madrugada, rezaba.

Elevaba una plegaria al Dios que me escucha,
a ese sentido último de nuestra existencia.

Posiblemente,
esta noche sí me escucharía.
Sí sabría que estaba desesperado por Él.
Porque en mis palabras aún hay desiertos de la consciencia.

Entonces,
elevo la plegaria que necesito.
Diez Padrenuestros.
Diez Avemarías.

Diez rutilantes plegarias que me ahogan.
Necesito liberarme.

Esta noche - madrugada, rezaba.

Le imploraba a Yahvé que me escuchara.
No es fácil proseguir
con este dolor que nos sumerge en la tristeza.

Pero ahí se prestaba la confianza,
la ciega esperanza que ve mejor que nuestros ojos.

Necesitaba recobrar la fe perdida.

Porque mi intención es importante.
Es de vital importancia.
Es de latido para mi corazón.

Es recobrar la consciencia.

Porque "los perros comen las migajas
que dejan caer sus amos".
Porque soy pecador.
Porque soy humano.
Porque soy escritor.

Porque necesito de paz, de esperanza,
de que Dios me escuche durante esta madrugad…

Sonetos perdidos durante las horas frías

Palabras. Imaginarias palabras.

La palabra tiene poder. Un poder de inmortalidad o de olvido. Una daga que no deja herida al cuerpo, pero que desmiembra el alma. Un poder del cual conocen todos, pero que pocos emplean.

La palabra es una bala invisible que penetra en el corazón.

Es una caricia del Dios cristiano con el cual muchos crecimos.

La palabra es el camino de Mahoma por el desierto y la lágrima de un tigre blanco en el circo.

Es un anillo de compromiso para los enamorados y los divorciados. Un testamento tácito de los sordos, de los mudos, de los ciegos. El ala rota de un ave que cruza el océano, pero que no deja de planear sobre el viento. La palabra es verso y prosa.

Es un secreto manjar. Uno reservado a los dioses griegos.


Resistencia

Miro los cuerpos postrados sobre la cera fría de la plaza donde jugaba de niño.
Son los mismos cuerpos que me acompañaron de niño. 
Cuerpos con arrugas, canas y ojeras. Cuerpos de treinta, cuarenta, cincuenta años a cuestas. Cuerpos que gritan de dolor, de amor, de justicia. Cuerpos sin libertad de morir en un lugar tranquilo. Cuerpos que son muescas inservibles para los gerentes, para los políticos, para la paria de la clase alta. Cuerpos que tienen heridas de batallas y heridas de abrazos.
Y esta plaza, donde yo jugaba, ahora es un campo de guerra.
Hay camas de cartón.
Hay platos de plástico.
Hay sábanas sucias.
Hay banderas colocadas
y un cordón de policías que reprimen a la libertad.
Dama que es golpeada. Dama que es violentada. Dama que ha sido vestida con billetes de Europa y comercio de cargos. Dama de las noches tristes donde los limeños cantan. Dama de las tardes peligrosas donde los ladrones ríen. Dama de los cien disparos al aire para matar gallinazos para la cena.
La libe…

Milagros después de las lágrimas de la luna

Ella regresó.

Él la espero.

Se encontraron.

Fusionaron sus corazones

tras un abrazo esperado.

Los sueños.

Los benignos sueños.

Se cumplieron

tras un primer beso.

Pero él tuvo que irse.

Ya era la hora.

Ella se quedó sola.

Él ya moría.

Ella se lamentaba.

Pero el tiempo benigno

regresaba en su camino.

Ese segundo

ya no pasaba.

Y él dormía

sobre los brazos

de su amada.

Ella lo miraba.

Él dormía.

Era el sueño

tan hermano de la muerte.

Y ahora ella esperaba

porque él despertara.

En la parusía

se juntarían.

Miedo & Amor

Escrito por María Fernanda

Hace un tiempo mi vida era un caos.
Esa la que tuve mientras no te podía tener.
Mientras que gozaba de cosas vanas y tonterías,
cosas que no llenaban el vacío. El vacío de no poder tenerte conmigo.
Te amaba. Te amaba tanto.
Amarte me dolía. Aún me duele.
Recuerdo cuánto te amé y me duele.
No me imagino buscando a alguien que ocupe tu lugar.
Y no es que sea exagerada. O tal vez fue el tiempo.
Tal vez los cuatrocientos días sin ti no fueron suficientes, quién sabe.
Hoy quiero confesar que tengo miedo,
miedo de perderte y de que te pierdas.
Miedo de no poder encontrarte otra vez.
Perderte es mi peor pesadilla. Sueño con eso siempre,
me aturde, me tira al piso y me levanta.
Me levanta tu mensaje de buenos días.
Me levantan tus ánimos y muestras de cariño.
Te amo. Es de noche y ya te tienes que ir.
No te vayas. No me dejes.
Ya sé que te tienes que ir, pero no me dejes.
Te quiero aquí, conmigo. Sueno como una loca, lo sé.
Estoy loca. Loca por…

El canto de las sirenas bajo el mar

Un silbido.

Un soplo.

Una última palabra.

Un adiós.

El frío.

Inclemente.

Despiadado.

Amante como ella.

Como su palabra.

Como sus besos.

Como sus carnes

donde me oculto

cuando llega el invierno.

Un silbido.

Un soplo.

Un acuerdo.

El silencio.

Te miro

Te miro
y veo que la luna me mira.
Porque tus ojos son espejos
donde la vida se refleja.

Y para mí,
la luna es vida.
Por eso,
inconscientemente,
te decía Luna.

Porque tú eras reflejo
de algo más bello
que el pétalo de una rosa.

Pero no te dabas cuenta
de que mis ojos te miraban.


no me mirabas.

Mirabas al silencio,
al vacío,
a las plantas,
a las nubes,
a la vida misma.

Las mirabas con normalidad
y así me mirabas al caminar.

De manera tan común,
de manera tan normal.

Un par de desconocidos
con pasado común.

Y yo seguía ahí,
mirándote.
Creyendo que eras la Luna
que reflejaba a la vida.

Mirándote,
aunque ignorarás mis ojos.

Te miro
y así permanezco
en el vacío del tiempo.

Un telegrama perdido

No todos los amores se cumplen.

Algunos mueren con el tiempo.

Pero no por decisión, sino por accidentes.

Son telegramas perdidos.

Y la mano de Dios se encargó.

No eran el uno para el otro.

Así muere el amor.

No todos se cumplen.

Frío

Un pájaro bajo la lluvia.

Una hoja que cae en otoño.

Una madre que llora en el asilo.

Un padre sobre la tumba de su hijo.

Un cachorro con el cadáver de su madre.

Un flor desgarrada por un niño.

Un alma herida por la esperanza.

Una iglesia pisada por sus fieles.

Un claustro encendido por la ira.

El color predomina sobre la razón.

El amor es una moneda de cambio.

La cuerda de guitarra que nos ahorca.

El marfil que cuesta una vida.

Un perro sin hogar.

Un rinoceronte blanco que muere.

Un continente que se deshiela.

Peces que no nadan.

Aves que no vuelan.

Y el hombre.

El hombre solo mira.

Mira y siente frío.

Frío de soledad.

Frío de indiferencia.

Frío de muerte.

El cuervo muerto

Hay un cuervo muerto sobre la cera
y nadie se inmuta por él.

Algunas plumas sueltas.
Un ala rota.
El pico abierto.
Los ojos blancos.

Un charco de sangre.

Una escena de crimen.

Quizá fue un gato,
una descarga eléctrica,
la travesura de un niño
o el avance del tiempo.

Algo lo debió haber matado.

Pero nadie se inmuta.
A nadie le interesa.
Nadie reacciona.

Silencio ensordecedor
que arranca miradas soberbias.

Hay un cuervo muerto sobre la cera
y un gato ya se lo comió.

Nadie honra el cadáver.

Igual será con nosotros.

Antítesis

No tengo deseos de escribir, pero me siento forzado a hacerlo. Debo dejar, por escrito, la enfermedad de Dios (la que ya había sido vista por Vallejo). 
No es el mejor empleo, pero me da para comer.
Me regala vestimenta.
Me regala un hogar donde pasar el invierno.
Me regala lo necesario para algunos placeres que nadie necesita, ni yo mismo. Pero que son indispensables para todos nosotros. Placeres de carne y de hueso, placeres extraídos de los libros del Marqués de Sade, placeres ocultos tras las figuras abstractas que forma el humo de cigarro mientras esperamos que abran los barrotes. 
No somos libres. Pero creemos serlo.
Y en esa idea que poseemos, en ese espacio oculto del imaginario, logramos plasmar algunos versos, algunos párrafos, algunas pruebas escritas del Dios enfermo que escuchamos. Porque la palabra posee poder, no está aferrada al tiempo y va más allá de la cultura. La palabra, la sacrosanta palabra es un elixir para los poetas muertos.
Pero no todos son poetas.
La vida…

Desacierto

No todo estaba planeado.

El universo sí lo estaba.
Las estrellas.
Los planetas.
Los asteroides.

El mismo vacío es espacio.

Todo estaba planeado.

Pero no las constelaciones.
Estas son invenciones humanas.
Trazos imaginarios
entre puntos ciegos.

Entonces,
no todo estaba planeado.

El hombre es incierto.

El amor es incierto.

La palabra es incierta.

Algunas vidas son un desacierto.

Y el mundo conspira con dolor,
junto al cielo y al infierno,
por sepultar ideas vírgenes
mientras el sol se dispone a dormir.

Y mientras el sol duerme,
el hombre piensa,
el hombre reza,
el hombre come,
el hombre respira,
el hombre deja de hablar,
el hombre desea escuchar.

Y todo se mezcla
con las constelaciones inventadas
por una sociedad confundida
dentro de un universo planeado.

Nosotros somos una pregunta sin respuesta.

Primavera bajo el invierno

La catarata regresa.

No cae. Sube.

Así como regresa el tiempo
y los hombres vuelven a creer.

Regresa al cielo.
Regresa a la punta de una estrella,
al lado oculto de la luna.

Y la primavera se desviste
bajo los brazos del invierno.

Escuetamente.

Entre copas de cipreses
y pétalos de claveles.

Delicadamente.

Pisando sobre una laguna
y untando su silueta con esperanza.

Entonces, todo cambia.

El tiempo.

La vida.

El régimen del agua.

Las horas de las estaciones.

El mundo nace de nuevo
y la soledad se aparta.

La sonrisa no ha muerto.

Merced

Gota a gota,
lágrima tras lágrima.
Tras unos ojos
la soledad se apaga.
Se quema.
Arde.
Ilumina.
Inflama.
Insufla.
Así es el tiempo.
Cruel.
Incólume.
Indiferente.
Como la rama seca
que deja caer la hoja
durante el otoño.
Gota a gota
se llena la laguna,
aunque no se percaten
los peces que nadan.
Siempre es igual,
siempre es diferente.
La antítesis de la creación
es la muerte que danza
sobre el pétalo de un clavel
y frente a los ojos
de una luciérnaga.
Tras unos labios
el silencio duerme.
Descansa.
Imagina.
Sueña.
Hiberna.
Esperando el invierno
para que le dé muerte
a la coja esperanza.
Es bueno acabar con el tiempo
donde florecen las ideas.
Así es el amor.
Inestable.
Indescifrable.
Indescriptible.
Deseable.
Como la sombra de una palmera
en medio de un desierto de agua
que no puede ser bebida.
La muerte se disfraza
del último latido
que le da sentido al hombre.
Y así comienzan
o así terminan
las caminatas nocturnas
de un hombre que ama.

La tristeza en un vaso de agua

¿Alguien?

¿Alguien me escucha?

¿Alguien me ve?

¿Alguien me siente?

¿Alguien?

¿Nadie?

¿Por qué el silencio?

¿Por qué el miedo?

¿Por qué?

La nada.

La simple nada.

Es placentera.

Es la única que está.

Silencio.

Silencio.

Silencio.

El único que escucha.

Sortilegio

En ocasiones, queremos amar el futuro. Amarlo como las plantas aman el sol o como las abejas aman la miel. Sin embargo, el futuro no se deja amar.

Es un ente complicado.

Aunque no es ente, pero es realidad, pero es confusión, pero es camino.

Queremos adivinar la providencia y pisar sobre las mismas huellas que pisaremos. Pasar al lado de los mismos árboles, acariciar los mismos perros, escuchar a los mismos gatos y acostarnos al lado de la misma persona que amamos. Sin embargo, no es así.

El mundo no se revela.

El cielo es negro.

Lo oscuro es misterioso.

Lo misterioso duerme en las iris.

Las iris son nuestras ventanas.

Las ventanas atrapan a las pupilas.

Las pupilas nos engañan.

Porque una mirada al "mañana" es un retrovisor al "ayer". Y no tenemos tiempo para arrepentirnos. Nos equivocamos, caemos, morimos.

Y seguimos en la senda perdida.

Enterrar

Prefiero enterrar las últimas esperanzas que dejé sobre la alacena. Dejarlas y partir, con lo que poseo, a nuevas tierras. Dejar a mi familia, a mis amigos, mi sueño... Dejar todo y no encontrarme más con mi sombra (la única que me acompaña) o con aquel instinto animal de buscar la muerte frente a una pared, bajo un auto, dentro de un pozo.

Prefiero enterrar el ayer en un ataúd lleno de huesos mudos.

Porque es un delito querer creer cuando la realidad habla en otro idioma. Es un innegable delito que es atractivo. Creer, creer y creer. Como si fuera respirar o comer. Pero no, el creer no puede estar solo aquí.

Se confunde con las últimas esperanzas.

Sí, con aquellas mismas esperanzas que dejé sobre la alacena, para que las encuentren quienes visiten mi casa vacía.

No es sencillo. A pocos humanos les nace su humanidad. Otros son inhumanos y, en algunos casos, regresan a la bestialidad.

El hombre es la silueta de un árbol en medio del desierto.

Un signo.

Una serpiente.

Un escorpión.

Y y…

La pieza que falta

Mi mayor error ha sido enamorarme.

Enamorarme, tan prontamente,
de la vida,
de la muerte,

de los cielos
y de los mares.

Enamorarme del silencio
que se confundía con la muerte
o del balneario
donde pasé algunos veranos.

Mi mayor error fue enamorarme.

Perdidamente.
Irracionalmente.

De manera voluble
mientras las estaciones cambiaban.

Entonces, me perdí.

En mi subconsciente
que siempre reclamaba.
En mi inconsciente
que siempre dormía.
En mi consciente
que siempre lloraba.

Porque el amor no era lo mío.

No me iba bien en este tiempo,
donde las estatuas lloran,
las rosas hablan,
los gorriones nadan
y los peces vuelan.

Todo era una pérdida de los sentidos,
de las razones,
de las ideas,
de los pensamientos.

Pero, a pesar de todo, me enamoré
y ese fue mi mayor error.

Enamorarme.

Tristeza

Por un frío instante, me percaté que el mundo no era igual.

Descubrí que las promesas son hojas que caen durante el otoño, aunque estemos en primavera. Reconocí que la luna solo es un espejo y, por ende, no muestra su propio ser. Todo era una reflejo.

Un reflejo indiferente, silencioso, ladrón. Uno que va consumiendo consciencias jóvenes.

No era nada anómalo para mi mente, era algo que ya había visto con anterioridad. Pero es difícil proseguir, continuar, levantarse. ¿Para qué ponerse de pie si el mundo te doblega?

El infierno está a nuestro lado.

Y ese es un gozo el cual, pocos, podemos gozar.

Los fantasmas de la primavera

Una lágrima cae por el rostro de una estatua.

Cae. Súbitamente.

Los cuervos son testigos
y las rosas son cántaros de esperanza.

Es el negocio de las estaciones
el contemplar a la muerte bajo distintos disfraces.

Ya sea como un grito,
ya sea como un lamento,
ya sea como un pensamiento.

Ya sea como una lágrima.

Entonces,
la primavera se desconcierta
y el infierno se revela
como el descanso de los marineros.

Y estos observan
una lágrima que cae
por el rostro de una estatua.

Estatua con rostro humano,
con facciones delicadas,
con la memoria del amor
que se resiste al tiempo.

Versos perdidos

Hay un amor perdido
entre los pisos del mar.
Distintos niveles de olvido
para historias calladas.

A nadie le reclama
este amar abandonado.
Solo a la suspicacia humana
que logra oro de su cadáver.

Historias muertas
cuando la luna canta
y el clamor popular
se confunde con ira.

Hay un amor perdido
con algunos versos de paz.
Palabras innecesarias
para experiencias incólumes.

La danza oscura

Viene
el destierro.
La danza
de los muertos.
El río
de los condenados.
Viene.
¡El infierno canta!
Vienen
los huesos callados
de hombres olvidados.
Vienen
los ladridos de perros,
las lágrimas de madres,
los lamentos de hijos.
Vienen
tras la puerta
de un paraíso perdido
durante la génesis humana.
¡El infierno canta!
Canta
a la orquídea muerta,
a los pájaros caídos.
Canta
a la mecedora de Eva
y a la costilla rota de Adán.
Le canta a Dios,
a los santos sordos,
a las vírgenes de mentira
y a los ángeles mudos.
Porque nadie entiende
el dolor del hombre
cuando cae en el vacío
del silencio,
de la soledad,
del olvido,
de la muerte.
¡Canta el infierno!
Canta para mí.

Existencias colaterales

Existo fuera
de él,
de ella,
de ellos,
de nosotros.
No comparto
el lienzo azul
que nos refleja.
Soy ajeno
a la distancia
entre Oriente
y Occidente.
Mis límites
fueron plumas
de un ángel muerto.
Existo fuera
del ayer,
del hoy,
del mañana.
De la nada
y del todo.
Del sol que resplandece
y de la luna que canta.
Fuera de todos ellos
existo.

Hubo

Hubo un tiempo donde éramos felices.
Donde, tú y yo, envejecíamos juntos.
Hubo una época donde todo era diferente.
Donde podíamos descansar en la misma cama.

Hubo un mes donde todo era perfecto
y las imperfecciones eran perfectas.
Un momento donde la libertad era libre
y el amor sí era amado.

Porque es difícil vivir en estos tiempos
y era más difícil convivir entre nosotros.

Pero hubo una época donde lo logramos,
donde éramos felices,
donde no creíamos en el tiempo.

Una época que se fue de la noche a la mañana,
que se empañó con nuestras lágrimas,
que se vistió con el delantal del olvido.

Hubo un tiempo donde éramos felices
y no supimos materializarlo juntos.

Una época que se quedó encerrada
entre las anales de mis veinticinco años.

Un sueño

Sueño con una buena mujer.

No una mujer de exuberante presencia.
No de esas mujeres de catálogo,
que nada tenemos para criticarle,
pero que no son de mi gusto.

Sueño con una mujer simple,
carismática y sencilla.
Una mujer con sus "rollos" al lado.
Con sus complejos y miedos,
con su fuerza y empuje.

Sueño con una mujer de corte militar,
con el temperamento de un romano
y la tersura de la dama judía.

Posiblemente, así encuentre equilibrio.

Porque estoy inestable en el alma,
mis pies pisan sobre arena movediza
y mis ideas están rotas.

Y requiero, con urgencia,
de un buen regazo donde dormir,
de unos abrazos donde morir.

De algunos buenos labios donde beber
el elixir que es reservado a los dioses.

Hay días donde sueño con una buena mujer.

No una de catálogo.
Sino con una mujer de este mundo.

Quizá,
en algún tiempo cercano,
mi sueño se pueda cumplir.

Gris

Hay neblina en mi mente.

Distrae a mi mente.

Adormece mis sentidos.

Estira mis pensamientos.

Hay neblina en mi mente.

Se confunde con el cielo.

No.

Miento.

Se confunde con el mar.

No.

Me equivoco.

Se confunde con mi sueño.

Sí.

Con mi sueño.

Con ese

que distrae mi mente,

que adormece mis sentidos,

que estira mis pensamientos.

Un sueño llamado "deseo".

Un "deseo" sin apellido.

Rosas y calaveras

Osarios de poemas que contemplan las luces de la noche que aman a la vida.
Hypnos acaricia el rostro seco de Eva. Le roba un beso mientras Adán duerme.
Es el engaño perfecto para el fin del Edén.
Y nadie reclama mientras el valle de rosas se desangra entre las raíces de árboles negros.
Quemados por el fuego de Caronte y Melquisedec.  Porque nadie es indispensable ni es un extravío.
Hoy toca el recital de la medianoche olvidada.

El error

Hay personas que van con conceptos erróneos.
Ya van con prejuicios
y estas ideas, preestablecidas, generan ceguera.
El alma se envenena
y pudre los últimos alicientes de humanidad.

Hay personas que no saben mentir
y escupen bilis a través de sus ojos.
Personas con más de cinco sentidos de incoherencia
que se escabullen entre las ratoneras
de una vieja quinta abandonada.

Estas personas son tóxicas.
Son enfermizas y peligrosas.
No se contentan con joder a la vida,
desean joder la felicidad de los demás.

Algunos se disfrazan de amigos,
de hermanos, de familia, de hijos.
Pero son enfermedades belicosas
que se escabullen entre los dedos de un "dios" dormido
que no contempla las promesas que dejó en el arco iris.

Hay personas que no contemplan a la vida
y se encierran entre las cuatro paredes de sus ideas.
Personas que se confunden con sombras
y van persiguiendo lo que dejamos tras la puerta.

Este tipo de personas nos rodean,
nos van cortando las alas,
nos van confundiendo con lo…

El nudo

A veces, las palabras no ayudan. Son un nudo invisible que ahogan el alma.
A veces, son innecesarias. Pero las miradas son parias que hemos desterrado.
Entonces los amores mueren entre silencios y cobardías de mentes y bocas cerradas.
Y el diablo se viste con las pieles que dejamos tras una noche de copas y una madrugada de pasión.
A veces, las palabras no ayudan. Interrumpen el tiempo y lo ahogan.
Son un nudo que no sabemos desatar durante la primavera que se viste de inútil esperanza.

Consideraciones al atardecer

Concibo y recreo
cada puesta de sol que evité
durante los años joviales
que Dios me regaló.

Concibo aquellas tardes
con la amargura de la muerte:
una taza silenciosa de frescura
que iba quebrando mis huesos.

Pero a nadie le importaba
que yo fuera el mástil más débil.
Solo era un adorno parisino
en el burdel de una corte española.

Recreo los atardeceres acompañados
por la silueta de una joven mujer
que no tenía miedo de amarme
aunque la sociedad nos denunciara.

Aunque nos culparan por la felicidad,
por el énfasis en los sueños,
por escaparnos de los moldes
que aseguraban el control total.

Ambos éramos felices
y a nadie más le importaba.
Éramos el soporte de un reino invisible
donde los ángeles cantaban.

Concibo y recreo estas situaciones
donde supe el sabor de la alegría,
de saber lo que significaba evitar a la muerte
y no sentir la pesadez del sueño.

Pero ahora solo son recuerdos
que van calando en mis huesos.
Mientras que el silencio se presenta
como la voz de la muerte.

Posiblemente

Posiblemente, sueño.

Sueño con un mundo mejor.
Un mundo sin límites geográficos,
sin distinciones, sin razas culturales
ni diferencias grupales.

Un mundo donde reine el amor,
donde la justicia sea una realidad.

Un mundo que sepa caminar sobre las aguas
y tenga la capacidad de volar
para que pueda tocar la punta de los Himalayas
y dormir entre los brazos de las estrellas.

Posiblemente, sueño y creo.

Creo en una voz que me habla por la mañana,
que me da calma durante la tarde,
que me reconforta durante las horas de la noche.

Creo en las palabras de mi madre,
en los abrazos de mi padre,
en los últimos destellos de la mirada de la mujer que me ama,
en las cartas de amor de mis hijos,
en las punas y apus de mis antepasados
y en los ríos caudalosos de mis aledaños.

Creo en mi tierra, en mi cielo.
En esta patria que no es mi patria,
sino que es un hogar prestado.

En mis piernas que no se doblegan
y en mi espalda que sostiene el mundo.

Posiblemente, sueño, creo y vivo.

Vivo entre los olores …

El hombre del siglo XXI

Hay un hombre que sueña despierto,
con los ojos abiertos de par en par.
No está atento a la mañana,
a la tarde que se aproxima,
a la noche que lo abraza.
No está atento al ladrido de los perros
o al sonido de las sirenas de las patrullas
de aquellos policías que no saben lidiar
con los gajes de la sociedad.
Este es un hombre que está atento
a los golpes que le van a dar sus hermanos,
a las patadas que va recibir por parte de sus vecinos,
a los gritos que recibirá en el trabajo.
Está atento a ver si mañana volverá a la oficina
o si será uno más en la lista de desempleados.
Si seguirá en la cola del confesionario
o si morirá en la sala de espera del seguro.
Este es un hombre del siglo XXI,
uno que es catalogado en la sala de un ministerio
y devuelto a una tierra que no es suya.
Es un hombre atento al misterioso dolor
que no contempla de segundas oportunidades.
Sino que se encarga de romper los sueños
pero logra mantener la vista atenta.
Porque es difícil bajar la guardia
cuando los gal…

El tránsito

Camino oscuro
por donde transitan hombres
que no poseen sombra.

No dejan huellas
que den testimonio
de su propia existencia.

Camino de espinas
donde el alma se despoja
de sueños y miedos.

Vacío.
Soledad.
Silencio.

Esto es lo más cercano
a lo que los santos llamaron
como la hermana muerte.

Frustraciones tras la luna llena

El cielo es un espejo
Donde se reflejan los recuerdos
De tantos hombres caídos
A lo largo de los siglos.
Hombres valientes
Hombres cobardes
Hombres ricos
Hombres pobres
Hombres fieles
Hombres traidores
Los recuerdos de ellos
De quienes vivieron en dicha
De quienes vivieron en desgracia
Tras las cortinas de un palacio
Tras el humo de una chimenea
Sobre la tumba de sus antepasados
Y alrededor de sus huesos
Porque la muerte es un silencio
Donde la conciencia muere
Y el cuerpo se desvanece
Como la libertad de un león
Tras las rejas de un circo.
Y este mira al cielo
Recordando su hogar.
Ese donde hay cementerios
De niños que murieron de hambre
Y de mujeres atadas por la fe.
El cielo es un espejo
Y refleja el dolor de los hombres,
El sentimiento de los animales,
Los sueños de las plantas
Y la ira de Dios.
Porque es compleja esta historia
Donde los hombres dejen huellas
Sin destruir su propio piso.
Entonces el tiempo es cruel
Y la noche se hace larga
Mientras la luna llena llama
A lo…

El eclipse

Y nos quedamos mirando el eclipse.
En ese espacio íntimo y secreto. El mismo donde nos ocultábamos del resto.
Un espacio con su fragancia y mis palabras. Un espacio que no tenía mucho, pero que nos tenía a ambos.
Pero el eclipse terminaba y nosotros nos debíamos despedir.
Entonces, comenzamos a despedir nuestros besos, nuestros abrazos, nuestras palabras.
Y nos hicimos uno con el viento, siendo un par de humaredas  frente al desvelo del sol.
Quizá. Probablemente.
En el siguiente eclipse nos volveríamos a encontrar.
Y no nos separaríamos más.

Melancolía

Sentía el viento que tenía su génesis
entre los surcos que formaban sus labios.

Sentía su calidez y paciencia,
llevándome a un estado de nirvana.

Posiblemente, este era el paraíso.
Sin embargo, no era eterno.

La fuente debía retirarse
y me regresaba al mismo tiempo

del cual deseaba escapar.
No era tan placentero como esperaba.

Y la lucidez de la vida me golpeó,
dejándome tendido sobre realidad

y bebiendo del amargo placer
que era recordar a la muerte.

Retorno

RETORNODichosa hora
que se camufla con una sonrisa.
Mágico momento
que se disfraza en el segundero.
Abrazo tu recuerdo,
te tengo bajo mi cielo.
Abrazo tu presencia
que es calma a mi impaciencia.
¿Qué es aquello
que desmerezco?
¿Quizá tu amor
o tu posible regreso?
No tengo certeza
ni esperanza
ni dicha
ni opción alguna.
No tengo sutileza
ni imaginación
ni alegría
ni suelta esperanza.
Pero aquí estás,
entre mis brazos reposas.
Pero aquí te encuentras,
entre mis versos respiras.
No hay mañana
no hay amanecer.
No hay noche,
no hay atardecer.
No hay historia
ni final
ni elocuencia
ni desesperanza,
Nada más hay.
¿Por qué?
Porque has vuelto,
has regresado,
has perdonado.
Porque hoy,
entre mis versos,
te has quedado.
Porque hoy,
entre mis poemas,
entre mis sueños,
encontré la fecha de tu retorno.06/08/16 - 12:37 a.m.Emilio Paz

Ojos ajenos

Cada vez que te veía pasar
un segundo de mi vida era arrebatada.
Era mirarte en complicidad con el silencio
y degustar tus labios sin besarlos.
La sombra de tu cuerpo era lo único que podía obtener.
Era un seguro frente a la soledad.
Cada vez que te veía pasar
las flores volvían a vivir,
el sol no deseaba ocultarse,
el invierno trataba de demorarse
y la primavera revivía a los poetas muertos.
Por eso era una importante verte,
así me escapaba de las garras de la muerte
y podía volver a soñar
con algún oasis en este desierto
que es la faena diaria del trabajo.
Cada vez que te veía pasar
algo de mí se recuperaba
y era feliz de nuevo.
Y este era una forma diferente de reír,
de amar, de componer.
Así encontraba la esperanza
que el otoño me arrebató.

Sonata al silencio

El silencio es un cáncer
El silencio es una caricia prohibida,
un mal necesario en nuestra modernidad.

¿¡Cuántas palabras mata el silencio!?

¿Cuántas?

Mi sangre se mezcla con el agua de río
y alimenta a los huesos de los peces.
La vida ya no es una prioridad.
Solo importa el mirar y el reír,
la forma secreta de fragmentar la mentira.

De darle cabida a la soledad
y robar un segundo al reloj de la medianoche.

Nada más importa.

Solo interesa el silencio de aquella voz,
de aquel deseo de amor,
de aquella forma diferente de escribir.

El silencio es vida y es muerte,
es lo única que queda para el olvido,
lo que no perece,
lo que no se transforma.

Eso es lo que da color a mi sangre.

El silencio.

Síntesis

Hola.
Te extraño.
Adiós.
No.
Espera.
No sé.
Es difícil.
Solo comprendo
tu silencio
como una despedida.
Y no.
No quiero despedirme de ti.
Aún te quiero.
Vuelve.

Culpables

Usted y yo somos culpables.

Somos responsables de nuestra infelicidad.
De nuestras malas noches para dormir,
de nuestra amargura al despertar
y de nuestros innecesarios desvelos.

A la par, somos culpables de una mala decisión.
Decisión ejemplar en aquel momento.
Decisión maligna para el presente.

Porque nos vamos desangrando
entre las carnes del ayer
y nosotros seguimos fingiendo
que no nos extrañamos.

Porque solo nos tenemos presentes
entre las oraciones que lanzamos a la luna
antes de ir a soñar.
Solo nos recordamos entre líneas de versos
que componemos y leemos.

Porque creemos que la distancia es buena
y ya nada más se podrá resolver.

Pero así como somos responsables del dolor,
somos igual de responsables con la cura,
con el alivio que necesitan nuestras flores,
con la fe que necesita nuestra luna.

Usted y yo somos culpables.

Responsables de nuestras vidas,
de nuestra felicidad,
de nuestro hipotético reencuentro.

Somos responsables de darle fin
a este mal capítulo de la vida.

¿Me …