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Oasis

Una grieta en medio de la ciudad.

Una palabra que abunda en la soledad.

Semillas de amapola en los ojos

y promesas celestiales en las palmas.

Solo queda el tiempo advenedizo

frente a la melancolía humana.

¿Dónde reposará la cabeza?

¿Dónde se aguardará la primavera?

No queda mucho.

Solo unas gotas de esperanza

que se escurren entre edificios y cloacas.

Las plataformas son pistas de baile

para las sombras de hombres muertos.

Y la pena de los gatos

es un derroche de vanidad profana.

Hoy somos una muchedumbre que reclama

por la paz mundana.

¿Dónde morirá el hombre?

¿Dónde pernoctará el demonio?

Y hay oasis que son mentirosos,

como las promesas pegadas en la puerta

o como las reliquias de nuestros abuelos.

Vestigios menores de la ciudad abandonada

mientras la humanidad lloraba.

Hoy solo queda el lecho de los muertos.

El cementerio está abarrotado.

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Aún queda esperanza

En mi papel de hombre que anhela verdad, encontrarse con su ser, procuro buscar las herramientas adecuadas para este fin. Mis años de estudio en Filosofía y Religión me llevaron a concebir la belleza como uno de esos caminos en donde el hombre vuelve a dialogar consigo y adentrarse en su conocimiento. Una vez me preguntaron, "¿qué es el hombre?" y la respuesta es amplia. Pues no solo somos un conjunto de células y fenómenos biológicos, sino que también poseemos una dimensión espiritual, afectiva, emocional, religiosa, que ha sido tan descuidada en estos años. Por ello, en mi afán de humanidad busco aquella herramienta propicia para alcanzar este objetivo y la herramienta más humana, a mi apreciación, es la poesía. 
Por tal motivo, no solo busco la forma, entendida como la estructura en la poesía, sino el fondo propio. Pues el alma de la poesía es el mismo alma del poeta. Y, justamente, es el alma de Irwin la que he sentido al leer sus poemas. Un lenguaje tan sencillo, con u…

Mi amigo, el pintor

Mi amigo, el pintor
posee un alma sensible.
Toca los corazones
y les roba los sueños.
Sabe detener el tiempo
y ajusta las manecillas
para regresar las horas.
Porque en su brocha,
en su pincel, en su pintura,
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Mi amigo, el pintor,
sabe de retórica y música,
de poesía y escultura.
Sabe de matemática pura.
Porque en él se esconde
la mano del universo.
Con su compostura
y su escritura.
Con su manera de tocar
las fibras del corazón.
Mientras que los ojos,
de los espectadores,
descansan la vida
sobre un cuadro detenido.
Uno que vence al reloj
y le devuelve la esperanza
a los soldados caídos.
Mi amigo, el pintor,
posee una forma de comunicarse
con la Providencia Divina
y le roba una sonrisa
a niños y niñas,
a hombres y mujeres,
a quienes están solos,
a quienes van en matrimonio.
Porque detiene el tiempo
en la magia que guarda
en su pincel, en su brocha,
en sus pinturas y en sus manos.
Mi amigo, el pintor,
es magia pura
y logra devolver la fe

Demonios del alma

Oscuros sentimientos que se aferran al fuego
de aquella incipiente muestra de afecta
que en perpetuo silencio del manto nocturno del cielo
se encuentra oculto en aquellos labios negruzcos
como el carbón más oscuro
o la desdicha más grande.

Pues como oscuro desencuentro de vagas ilusiones
que se encadenan en aquellas vacías mazmorras
que se construyeron en aquellos advenedizos tiempos de olvido
bajo la influencia de la muchedumbre,
en donde la sinfonía de las estrellas muere en secreto
frente al testigo silencioso que es el azulejo nocturno.

Pues entre cada mentira que se compone en las miradas,
que se ocultan bajo la sinrazón del corazón,
se afianza la desazón de aquellos demonios del alma
que moran escondidos entre sueños perdidos.
¿Dónde quedaron los anhelos de adolescente guerrero
en medio de la muchedumbre que empobrece en amores e ideales?

Concupiscencia del alma encadenada al ostracismo del beso
que se oculta entre las paredes de la mazmorra.
Pues entre los devenires de la cons…